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miércoles, 3 de diciembre de 2014
El último vestigio de la historia de Concepción
miércoles, 27 de agosto de 2014
Y LA FOTOGRAFÍA ¿CÓMO ESTÁ?
En el mes de la
fotografía, he aquí un devaneo personal con respecto a la imagen presente en la
Región del Bío Bío. No soy crítico de arte, académico, ni autor de libros de
fotografía, pero como reportero gráfico y periodista, estoy metido en este
mundillo y tengo algo que decir…aunque puedo estar equivocado.
¿Qué
es esta vaina? Así se titula una muestra fotográfica presente por estos días en
la sala de exposiciones, a un costado de la Municipalidad de Concepción. Hice
el ejercicio de ir, y al final, salí sin respuestas y con la misma pregunta
¿Qué es esta vaina?
Puede
que ojos más expertos y ligados a las artes refuten mi punto de vista y gusto,
ligado al fotoperiodismo, al documentalismo social y la prensa, pero
personalmente me hago parte de la frase que el arte, y por consiguiente
determinado concepto fotográfico tiene que “hacerte sentir algo”. Y al salir
del subterráneo de la “muni”, no sentí nada.
Ese
vacío, me llevó a formular la pregunta ¿Es buena la salud de la fotografía
regional y local? En el marco del mes de la fotografía y que tiene en
Concepción a una de sus sedes neurálgicas, cabe preguntarse por la llamada
“buena salud” de esta disciplina, que a juicio de algunos medios.de
comunicación es buena.
Mucho
ruido y pocas nueces
Personalmente,
creo que la exposición mencionada al principio, es fiel reflejo de lo que pasa
en la escena fotográfica de la capital del Biobío. Existe, pero sin sustancia,
como una sopa, con harto líquido y poca presa.
Está,
siempre el colectivo Concepción Fotográfica, los íconos, invitados a hablar de
fotografía a otras regiones y a Santiago obviamente. Está Fernando Melo, con su
obsesión por el paisaje nocturno. Está también el colectivo la Quinta Pata, que
no se qué estarán haciendo, pero que tiene buen personal y otros más y como
esto no es un análisis, sino un desvarío personal, lo dejaré hasta ahí.
Y
aquí viene el pero. Habiendo tanto que hacer, tanto que fotografiar, tanta
inequidad social, tantos problemas y tanto barullo, a mi juicio, no hay un
compromiso social de parte de la fotografía local. No he visto a nadie viajando
o viviendo en la provincia de Arauco, retratando la calamitosa y permanente
situación de pobreza y subdesarrollo de esa zona. Habrá alguien metido en
Puerto Choque, en el Lago Lleu-Lleu, con cámara en mano y en el corazón,
contando la historia de porqué pasa lo que pasa con el pueblo Mapuche? Ojalá.
Santiago
es Chile dicen. No me gusta esa frase, pero en lo que aquí respecta, tiene que
ver no con las condiciones, sino que con el ánimo de sus protagonistas. Allá
está Fabián España, fotógrafo aysenino adoptado por Santiago, sin temor a
perderse entre los cerros colorados del altiplano para plasmar la paupérrima
situación del pueblo aymará. Y hay otros para los que no es necesario viajar
mucho, porque saben que el estudio fotográfico está tomando un Transantiago
rumbo a la periferia. Es el caso de Alejandro Olivares que, con los cojones
bien puestos, porque hay que tener de verdad cojones para meterse donde él se
metió, realizó un notable trabajo en los barrios limítrofes de la capital.
Ejemplos
hay más, pero lo medular del asunto tiene dos aristas; uno, es que a 500
kilómetros al norte, hay gente haciendo cosas que son un aporte y la otra es
que aquí, no todo lo que se hace es un aporte.
No es el mes de la
fotografía en facebook, es el mes de la fotografía
Esta
semana en Concepción, habrá talleres, visionado de portafolios, seminarios y
charlas con motivo del mes de la fotografía. Pero si no hubiera sido por la
gestión del Consejo de la Cultura, aquí no habría charlas, seminarios ni
talleres. Un poco del fiel reflejo de la actitud del penquista, esperando que
en Santiago se acuerden alguna vez que de Rancagua hacia el sur también se
llama Chile.
Pero
como quiera que sea, serán días para que profesionales y amateur estrujen una
iniciativa que traerá a personajes de la primera división de la fotografía
nacional. Y, ojalá sea también una instancia para que los “nuevos fotógrafos”,
comprendan que una buena formación no es colgar fotos en Facebook y esperar que
la mamá o los amigos les den un “me gusta”.
Instagram,
Facebook o Flickr. La segunda, es la red social por excelencia en donde todos
los días se pueden ver autodenominados “novatos” de la fotografía pidiendo
consejos a los “pro”. Postura humilde y nada mal, excepto por el detalle que en
corto tiempo las fotos de algunos de esos novatos van con marca de agua y dicen
“juanito perez, fotógrafo”. Ni hablar de la especulación que esto produce en el
mercado fotográfico profesional, para llevarlo a términos económicos.
Las
firmas a un costado de las imágenes, evidencian que la llegada de smarphone y
el acceso a cámaras réflex semi profesionales en el retail, “hacen de cualquier
persona un fotógrafo”, en palabras de Joan Fontcuberta. El académico español,
menciona también que muchas fotos ya no se hacen como testimonio de un hecho,
lo que aleja a la fotografía de sus pilares fundacionales ligados a la verdad y
la memoria. No importa ya su contenido, sino su circulación y el inscribir la
presencia del sujeto, el “yo estaba allí”.
El
aporte de la prensa
Y la prensa. Lo que tiene que
decir la prensa, con respecto a ser un aporte a la fotografía local, lo dice su
nombre. “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo
demás son relaciones públicas”, eso lo dijo George Orwell hace varias décadas
atrás, sentencia que se vuelve más actual que nunca al mirar los diarios
locales. Porque, personalmente, creo que hay que diferenciar entre fotografía
periodística y fotografía de prensa
Salvo en acontecimientos trágicos
o importantes, en que los medios locales si se desvelan por informar
adecuadamente o en uno que otro intento por sacar a la luz temas incómodos para
alguien, lo demás son relaciones públicas.
Temas
redundantes, el ejercicio cotidiano de cambiar de orden los párrafos de los
comunicados de prensa para que parezcan notas y páginas de información
institucional, son algunos de los vicios periodísticos. Y por ello, la foto ha
sido desplazada de su labor, la de captar la atención del lector, para pasar a
ser un mero adorno y utilizada sólo como referencia dentro de la página del
diario. Esa es la fotografía de prensa.
En
el fotoperiodismo, periodismo gráfico o fotografía periodística, la imagen
cuenta una historia, y como tal, debe ser actual, objetiva, debe contener
elementos narrativos y también tiene que ser estética, es decir, conservar el
rigor fotográfico tradicional. Temáticas permeables a la fotografía
periodística existen, pero intentos pocos de parte de los medios. Al caer la
mayoría de las veces en temas superfluos, en la cuña fácil del punto de prensa
y a la información oficial, se le está quitando espacio a historias importantes,
esas que se consiguen caminando cuadras y cuadras, esas que se consiguen
buscándole la quinta pata al gato, esas que se consiguen con los pies metidos en
el barro y en el agua.
En
un medio escrito, hay dos formas de decir y de comunicar. Están los que
comunican con palabras, los periodistas y editores y existen los que comunican
con la imagen, ese es el reportero gráfico. Es un equipo; si uno de los dos
atornilla al revés, entonces el diario sólo servirá al final para envolver
pescado.
En
décadas pasadas, Diario El Sur de Concepción, tenía por lo menos 7 reporteros
gráficos, si mal no recuerdo y que me corrijan los que estuvieron allí. Hoy
tiene 4, contando al editor. Con los periódicos de Santiago pasa algo similar.
Evidencia esto la moda de prescindir de reporteros gráficos y periodistas y que
los achaques de la era digital, no sólo hacen brotar fotógrafos por Facebook,
sino que también, fotografía envasada; el frasco viene en la forma de agencias
de noticias, empresas periodísticas y entidades privadas, todas tratan de
colocar información e imágenes convenientes para ciertos grupos en los medios.
Volvemos al principio, relaciones púbicas.
Al
final de toda esta vuelta, el reducto de la fotografía periodística, la
fotografía documental y la imagen como arte conceptual ya no está en los medios,
ni menos en Facebook. Está en esos que encontraron la forma y el cómo contarnos
sus historias. Está en los fotolibros de autor, está en esos que se llaman
Tomas Munita, Fabián España, Alejandro Olivares y Zaida González, sólo por
nombrar algunos. En el día de la fotografía del año 2017 o en el 2020, quiera
el destino que haya más de esos, no sólo en Santiago, sino que también en
Concepción.
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